¿Qué es la felicidad?

Todos queremos ser felices, pero quizá no sabemos qué significa ser feliz. Pensamos que si logramos tener mucho dinero, la admiración de la gente, vernos más jóvenes o tener una salud excelente, vamos a ser felices. Pensamos que alcanzar grandes metas en cuanto a dinero, belleza, prestigio o poder nos hará vivir en una felicidad plena todo el tiempo, y la frustración de no lograrlo nos deprime y angustia. Pero, hacernos expectativas muy grandes y difíciles de alcanzar es la fórmula para ser “infelices”, pues nos sentiremos frustrados y deprimidos mientras no logremos tales metas, y aunque las lográramos no tendríamos por eso garantizada la felicidad. Quienes tienen todo eso y más pueden ser felices, pero su felicidad no depende de ello. Hay quienes “teniendo todo” no son felices. Tampoco la felicidad es la ausencia de problemas o dolor, pues siempre tendremos problemas y dolor en esta vida. Si esperamos lograr así la felicidad, seremos infelices viviendo en la amargura de no aceptar la realidad de la vida tal y como nos toca vivirla. Muchos sicólogos, sociólogos y teólogos respetables han hecho diferentes estudios y publicado varias obras que coinciden en que la gente es feliz cuando logra estar satisfecha con su persona y su vida, tal cual es; y, al contrario, si una persona no está satisfecha con la vida que está a su alcance vivir en cada etapa de su existencia, es infeliz. De las publicaciones de tales profesionales compartiré aquí algunas ideas en varias entregas semanales.

Sentirse satisfecho con lo que se es y se tiene, no es “conformismo” ni “falta de metas”; pero, implica tener “metas realistas”, posibles de alcanzar, que nos den logros y autoestima para sentirnos satisfechos y realizados. También implica no envidiar a quienes logran metas más altas (merecidas o no). La envidia en un impedimento total para tener felicidad. Valoremos lo que nosotros somos, lo que hemos logrado y lo que podemos lograr. Una persona es feliz cuando disfruta plenamente de su vida, de sus éxitos, de los momentos de alegría, bienestar o satisfacción que tenga, por simples o pequeños que sean. Y cuando enfrenta problemas o vive situaciones negativas o dolorosas, las sabe enfrentar de la mejor forma posible. Los creyentes, ante esas situaciones, tienen como ayuda inmensa su confianza en Dios. Jesús dice que de nada sirve angustiarnos, pues por mucho que nos angustiemos no podemos prolongar nuestra vida ni un poco. Que ya nuestro Padre Celestial sabe lo que necesitamos (que no siempre es lo que queremos) y Él cuida de nosotros. (Mateo 6. 25-34)

Somos felices cuando gozamos de la sensación de bienestar general como resultado de vivir momentos placenteros relacionados con aspectos simples de la vida diaria, como estar con nuestra familia o con amigos en una convivencia agradable; disfrutar una película, un buen libro, una comida, etc. Somos felices cuando nos ilusiona y entusiasma el trabajo que nos toca hacer; cuando nos sentimos a gusto, con un sentimiento de plenitud y paz interior, viviendo la satisfacción de ser quienes somos. Son momentos en los que no nos estamos comparando con nadie ni pensando en lo que no tenemos, tuvimos o tendremos. Simplemente estamos disfrutando del momento con una sensación de bienestar y tranquilidad que nos llega desde adentro. Si nos sentimos bien con nosotros mismos y desarrollamos una actitud adecuada, podemos solucionar mejor los problemas, superar los momentos dolorosos y seguir adelante. Felicidad es el sentimiento de plenitud que logramos cuando estamos en armonía con nosotros mismos y no nos causa conflicto la relación entre lo que queremos y lo que tenemos.

Pero, la felicidad más profunda, plena de sentido y significado, es la que surge de procurar el bien y la felicidad de otras personas. Cuando dejamos de pensar en nosotros mismos para pensar primero en los demás (en nuestra familia, en personas que necesiten algún tipo de ayuda, en los pobres, etc.) Cuando compartimos algo de lo que tenemos, aunque tengamos poco. Cuando actuamos así, no por buscar algún reconocimiento, sino por nuestra motivación interna, alcanzamos el máximo grado de felicidad. Recordemos las palabras de Jesús: “Hay más felicidad en dar que en recibir.” (Hechos 20.35).

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